Arizona
Arizona Ni más ni menos —confirmó ella con voz de timbre acerado—. Pero podÃas haberte ahorrado la molestia, y a mÃ, más de lo que te imaginas.
—Dime por qué —continuó Rich con voz ronca.
—No podÃa continuar. QuerÃa y esperaba hacer feliz a Sam. Le amo… Pero no puedo casarme con él.
—¿Por qué?
—He engañado a Sam, he sido infiel… Madre querÃa que me casase con él y lo mantuviese secreto, pero yo pensaba decÃrselo tan pronto como fuera su mujer.
—¿Cómo le has engañado?
—Con Lee Tate.
—Dices cosas extraordinarias, Nesta… ¿Qué has hecho con Lee Tate?
—No podÃa haber hecho nada peor —replicó ella, dolorida.
Rich sacudió con violencia toda su elástica armazón, como si tratase de librarse de una red que le envolviese. Cayó de rodillas a los pies de Nesta y extendió hacia ella sus manos convulsas, su cara contraÃda por la agonÃa.
—Creà que podrÃa hacerlo —continuó diciendo Nesta con sencillez—. Amo a Sam de verdad; cien veces más que a aquel demonio. No pensaba ser una esposa infiel y se lo hubiera dicho a Sam. SabÃa que él me perdonarÃa… Pero me faltó valor al darme cuenta de que iba a ser madre.