Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Como usted quiera. El desayuno estará pronto dispuesto, y luego daremos una vuelta por el lugar.
La vetusta casona de estilo español encantó a Magdalena, quien cuantas más cosas veÃa, más condiciones le hallaba para poder convertirla en un delicioso hogar. Todas sus puertas daban a un patio, como le llamaba Florencia. El edificio era bajo de techo, de forma rectangular y tan vasto que Magdalena llego a pensar si habrÃa servido de cuartel en tiempo de los españoles. Muchas de sus habitaciones carecÃan de ventanas y estaban vacÃas; otras estaban llenas de útiles de labranza, sacos de grano y balas de heno, que Florencia llamaba alfalfa. La casa en sà parecÃa solida y bien conservada, y en extremo pintoresca; pero en los aposentos habitados el moblaje se reducÃa a lo más estrictamente necesario, y aún era usado y poco confortable.
Cuando salió afuera Magdalena olvido el melancólico y desmantelado interior. Guiada por Florencia fue al porche, desde el que la joven señaló con un ademán la vasta y multicolor extensión.
—Esto es lo que tanto le gusta a Bill.
Al pronto, Magdalena no pudo discernir lo que era cielo y lo que era tierra. La inmensidad de la escena aturdió sus facultades de concepción. Sentándose en una de las viejas mecedoras, miro y miro, y dióse cuenta de que no alcanzaba a abarcar la realidad tan maravillosamente desplegada ante ella.