Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Estamos en la cumbre de los cerros —explico Florencia—. ¿Recuerda usted que vinimos faldeando la parte Norte de la sierra? Pues ésta se halla ahora detrás de nosotros, y lo que tiene ante los ojos es Arizona y Méjico.
Aquella extensa vertiente gris es la entrada del Valle de San Bernardino. Al frente, puede ver las negras montañas de Chiricahua y más lejos, al Sur, las de Guadalupe. La horrible sima rojiza que la separa es el desierto, y lejos están los confusos y azulados picachos de las Sierras Madres, en Méjico.
Magdalena escuchaba y miraba con reconcentrada atención, y preguntábase si esto serÃa solamente un magnÃfico espejismo, maravillada de que fuese tan distinto de cuanto conocÃa, y tan interminable, tan vasto y tan desconcertante.