Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Entonces ya no hubiera retrocedido por nada. Magdalena había proyectado llegar a El Cajón el 3 de octubre, día del cumpleaños de su hermano, y así había acontecido, aunque su llegada tuvo efecto a medianoche, debido a que el tren había sufrido considerable retraso. No tenía medio de saber si sus mensajes habían llegado o no a manos de su hermano, y lo que ahora la preocupaba era que acababa de llegar y que él no estaba allí para recibirla.
La realidad del presente tardó poco en sobreponerse a los recuerdos del pasado.
«Espero que no le habrá ocurrido nada a Alfredo —se dijo—. La última vez que me escribió estaba bien y en situación próspera. Cierto que hace de eso bastante tiempo; mas nunca escribió con frecuencia. De fijo se encuentra bien. No tardará en llegar, y ¡qué alegría tendré al verle! ¿Habrá cambiado mucho?…».