Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Yo aceptarÃa, Majestad —dijo—. Stewart es hoy un cowboy de los más rudos que he conocido, pero procede de buena familia. Antaño fue… un caballero y un hombre que recibió enseñanza universitaria. Aquà se descarrió como otros muchos, y como también estuvo a punto de ocurrirme a mÃ. En otro tiempo me habló de su madre y de su hermana; querÃa entrañablemente a ambas, y, no obstante, era para ellas un continuo motivo de zozobra. Cada vez que se acordaba de esto se entregaba con mayor ahÃnco a la bebida. Siempre procuré defenderle y seguirÃa todavÃa haciéndolo si tuviera ocasión. Como puedes ver, a Bill le ha llegado al alma lo ocurrido con Danny Mains y Stewart. Esperaba recibir más bien buenas noticias, y ahora las probabilidades de que vuelvan son escasas, sobre todo para Stewart. El hecho de renunciar a su caballo significa que va a Méjico a juntarse con los rebeldes. ¡Qué no darÃa yo por ver a ese cowboy en libertad ante un puñado de pelones! ¡Maldita suerte!… Perdona Majestad, pero estoy trastornado. Siento lo de Gene. Si mucho lo apreciaba antes de su encuentro con Pat Hawe, el sheriff, le aprecio aún más ahora. Lee esta carta, hermanita, y acepta el jaco.
Sin decir palabra, Magdalena bajó la vista y leyó el papel que tenÃa en la mano.