Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Majesty, ven! ¡Qué raro suena así el nombre! Hemos de ir conociéndonos. Ahora tienes un nuevo dueño, una severa propietaria que exigirá de ti lealtad y obediencia, y algún día, después de un período decoroso, querrá un poco de afecto.

Magdalena paseó el caballo de un lado a otro, encantada de su mansedumbre. Pronto advirtió que no era preciso llevarle de la brida. Acudía a su llamada, siguiéndola como un perro, restregando el aterciopelado morro contra ella. A veces, cuando en el curso del paseo daba media vuelta, engallaba la cabeza y con las orejas aguzadas miraba al portel por donde había venido, al pie de los cerros, y allende la pampa. Alguien estaba llamándole quizá del otro lado de las montañas. Magdalena lo quiso todavía más por ese recuerdo, y compadecióse del descarriado cowboy que se había separado de su único bien por un exceso de cariño hacia el mismo.

Por la tarde, cuando Alfredo puso sobre el ruano a Magdalena, ésta creyó hallarse suspendida en el aire.

—Daremos un galope hasta la mesa —dijo su hermano, montando a su lado—. Llévale sujeto de la brida, y afloja cuando quieras ir más aprisa. Pero no le grites al oído si no quieres que Florencia y yo te veamos desaparecer en el horizonte.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker