Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Señorita Majestad. Me acaba de ocurrir otra cosa extraña. Encontré a Jim Bell que venÃa a verla a usted, y al decirle que estaba usted bastante atareada, ¡me responde que tiene hambre y que no quiere comer más pan amasado en una palangana! ¡Dice que antes se dejará morir de inanición! Dice que Nels invitó a la cuadrilla a ir a su alojamiento y les obsequió con un pan que usted le habÃa enseñado a hacer en una especie de máquina provista de un manubrio. Jim dice que ese pan le gana a cuantas galletas ha comido en su vida, y quiere que usted se lo enseñe a hacer también a él. Bueno, señorita Majestad. Como intendente general de este rancho me creo en el caso de estar al corriente de cuanto en él ocurre. Quizá Jim me esté tomando el pelo. Quizá ha perdido la poca cabeza que tenÃa. Quizá… la he perdido yo; pero, con su permiso, quisiera saber si hay algo de verdad en lo que dice Jim que ha dicho Nels.