Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Stewart lanzó un gemido, y, acercándose con paso incierto al derruÃdo muro, apoyóse en él, ocultando el rostro. Magdalena pensó que tal vez su desliz habÃa sido beneficioso.
—Stewart, déjeme usted decir lo que me proponÃa.
Él calló. Y ella fue cobrando valor e inspiración.
—Stillwell está profundamente afligido de que no haya podido desviarle de este… fatal camino. Mi hermano también. Ambos querÃan ayudarle. Y yo…, yo con ellos. Vine creyendo que tal vez conseguirÃa lo que ellos no pudieron conseguir. Nels trajo una carta de su hermana. La he leÃdo y su lectura robusteció mi determinación de ayudarle, y ayudar indirectamente a su madre y a Letty. Stewart, queremos que vuelva al rancho. Stillwell le necesita a usted para capataz. El cargo está esperándole, y usted mismo fijará su salario. Tanto Al como Stillwell están preocupados con don Carlos, sus vaqueros y las incursiones a lo largo de la divisoria. Mis cowboys carecen de un capataz apto para dirigirlos. ¿Quiere usted venir?
—No —contestó.
—Pero… Stillwell le necesita.
—No.
—Stewart. Yo quiero que venga.
—No.