Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste »Después de eso nadie volvió a dirigirse a Gene sin acompañar sus palabras de una sonrisa. Señorita Majestad, el comprender a qué se debe ese súbito cambio de Stewart es superior a mis facultades. Primero pensé si tal vez le habría convertido el padre Marcos. Palabra que lo creí. Mas comprendí que no es sino Gene Stewart que ha resucitado… El Gene Stewart de antes… corregido y aumentado. Y eso es lo único que me interesa. Recuerdo haberle dicho a usted en cierta ocasión que Stewart era el último de los cowboys. Tal vez debería decir que es el último de los cowboys a mi gusto. De ahí en adelante irá usted apreciando lo que quiero significar, señorita Majestad.
También era superior a las facultades de Magdalena el explicarse las extravagancias de Stewart, y, teniendo, en cuenta la exuberante fantasía del viejo ganadero, no concedió desmedida importancia a sus predicciones. Adivinaba la causa de la irritación de Stewart por la presencia del padre Marcos. Aún admitiendo que era una circunstancia bastante rara en un cowboy el convertirse a las creencias religiosas, lo juzgaba posible, y sabía que el fervor religioso se traducía a menudo en excesos de sentimiento o de acción. En el caso de Stewart era más que probable que su verdadero modo de ser había sido exagerado. Esto no obstante, Magdalena tenía un curioso deseo, que no quería reconocer ni aun para sus adentros, de ver al cowboy y sacar sus propias deducciones.