Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Entonces, opino que vale más no proseguir la ceremonia.
—¿Qué? ¿Por qué me obligó usted a decir Sà a ese sacerdote?
—Fue… fue un modo como otro cualquiera de darle a entender…, que estaba usted conforme… en casarse conmigo.
—¡Oh!… ¡Es usted un… un…! —Le faltaron palabras.
Esto pareció galvanizar al cowboy. Cogiendo por un hombro al padre lo llevo hacia la puerta, mascullando denuestos y amenazas, exigiendo sin duda discreción. Luego de un empujón le hizo franquear la puerta, tras la cual se quedo inmóvil, respirando con fuerza y luchando consigo mismo.
—Verá…, espere…, espere un minuto, señorita Hammond —dijo con voz gutural—. En peor compañÃa que la mÃa podÃa haberse encontrado…, aunque piense lo contrario. No niego que estoy… bastante… bastante bebido, pero asà y todo, estoy en mis cabales. Espere…, espere un minuto.