Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —En los abertales venÃamos perdiendo algunas cabeza, eran aballadas nocturnas de los vaqueros. Algunas de esas reses son conducidas a través del valle; otras escalando los cerros. Si mis noticias son ciertas, no se lleva ganado al Sur; por lo tanto esas incursiones no son más que una añagaza para despistar a los cowboys. Don Carlos es un mejicano rebelde. Hace algunos años estableció aquà su rancho, simulando dedicarse a la crÃa de ganado. Durante todo ese tiempo lo que ha hecho ha sido pasar armas y municiones de contrabando a Méjico. Era partidario de Madero contra DÃaz. Ahora va contra aquél porque tanto él como los rebeldes en general, creen que Madero ha dejado incumplidas sus promesas. Es inminente otra revolución, y cuantas armas se precisan proceden de los Estados Unidos y salvan de modo clandestino la frontera. Esos burros de que ha hablado iban atiborrados de género de contrabando.
—Eso es incumbencia de la caballerÃa americana —dijo Alfredo—. Para evitarlo patrullan por la divisoria.
—En aquella salvaje comarca no conseguirán nunca acabar con el contrabando de armas —replicó Stewart.
—¿Cuál es mi… mi deber? ¿Qué relación tiene conmigo lo que ocurre? —preguntó Magdalena un tanto turbada.