Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Desde el rancho de don Carlos hasta allende la divisoria mejicana. Nick Steele vino conmigo. Nick es el rastreador más hábil de la banda. La pista que seguimos nos condujo a lo largo de los valles del pie de los cerros. De momento creÃmos que quien la hizo estaba buscando agua, pero pasaron dos ranchos sin hacer aguada. En Seaton’s Wash excavaron buscándola. Allà se reunieron con una reata de burros hateros procedentes del portel de las montañas. Los burros iban sobrecargados. Luego, caballos y rucios emprendieron la dirección del Sur hacia el antiguo camino de los emigrantes de California. Seguimos su rastro atravesando el cañón de Guadalupe, y cruzamos la frontera. De regreso nos detuvimos en el rancho de Slaughter, donde está acampado el destacamento de caballerÃa americano. Allà hallamos a unos guardabosques de los que custodian los vedados del Peloncillo. Si éstos saben algo, se lo callan. Y tomamos el camino de regreso.
—¡Bravo! Supongo que… ¿ya sabes lo que querÃas saber? —inquirió Stillwell.
—Supongo —replicó Stewart.
—Pues… desembucha —dijo hoscamente el otro—. No es posible tener a la señorita Hammond a oscuras por más tiempo. Puedes darle a ella tu informe.
El cowboy posó su sombrÃa mirada en Magdalena, imperturbable y sosegado.