Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Stewart, no acabo de comprender cuál pueda ser la posible conducta de Nels y de sus compañeros. Sea usted franco conmigo. ¿Quiere acaso dar a entender que Nels dispararÃa a la menor provocación?
—Señorita Hammond, por lo que a Nels respecta, el valerse de su revólver es hoy dÃa cuestión de lo que tarde en encontrarse con los vaqueros de don Carlos. Asombra la paciencia que ha tenido con ellos, sobre todo si se considera la de mejicanos que ha quitado ya de en medio.
—¡Qué ha quitado de en medio! Stewart, ¡usted no habla en serio!
—Absolutamente. Nels ha visto épocas muy serias en Arizona. Es tan amante de la tranquilidad como cualquiera, pero unos cuantos años de inacción no bastan para borrar las huellas que en él dejaron los primeros tiempos, y en cuanto a Nick Steele y Monty son sencillamente jaques, siempre dispuestos a armar camorra.
—¿Y usted, Stewart? La observación de Stillwell no pasó inadvertida para mà —dijo Magdalena impulsada por su curiosidad.