Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Majestad, cualquiera que fuese la causa que te impulsó, fue una idea genialmente diplomática —replicó su hermano—. Stewart tiene buen fondo. Estaba al borde del abismo, y luchando como los buenos parece que ha conseguido rehabilitarse. Confiar en él, darle una responsabilidad, es el mejor modo de robustecer el dominio de sà mismo. Luego, con esa nota sentimental de que sea «tu clase de cowboy» y de que te proteja… si no haces de Gene Stewart una especie de caballero andante… no sé lo que son cowboys. Pero, recuerda, Majestad, que Gene es un compuesto de tigre y de rayos desencadenados, y no te imagines que ha dejado de protegerte si de pronto te ves metida en un jollÃn[13].
—Yo os diré lo que hará Gene Stewart —dijo Florencia—. Conozco a los cowboys como nadie. Cuando era una criatura ya me montaban en sus caballos. Gene Stewart será de la clase de cowboys que tu hermana le dijo que podrÃa ser, sea la que sea. Tal vez ni ella sepa cuál es, ni nosotros lo sospechamos, pero él lo sabe.
—¡Bravo, Florencia! ¡Has dado en el blanco! —replicó el veterano ganadero—. ¡Y no me causarÃa mayor alborozo si se tratase de mi propio hijo!