Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Del pasillo llegaba el tintineo de espuelas, recio pisar de botas y voces confusas. Magdalena distinguió la viva entonación de Alfredo cuando se encolerizaba: «¡Entonces, nos volveremos a casa!», decÃa; y la respuesta inmediata: a «¡No!». Magdalena reconoció la voz de Stewart e incorporóse vivamente: «Pues aquà no quiero que estén», prosiguió Alfredo.
—Fuera o dentro, han de estar con nosotros —replicó vivamente Gene.
—Escucha, Al —exclamó Stillwell con voz retumbante—, ya que nos hemos metido aquà con las muchachas, deja que Stewart se encargue del asunto.
Un tropel de hombres salió en confusión al porche. Stewart, sombrÃo y cejijunto, iba a su cabeza. Nels le seguÃa de cerca, y la rápida mirada de Magdalena observó en el cowboy un cambio indescriptible. El sonriente y expresivo don Carlos venÃa detrás, con un individuo delgado, de facciones enjutas, con un broquel de plata en la solapa. Era, sin duda, Pat Hawe. En segundo término, detrás de Stillwell y Alfredo, iba Nick Steele destacando la cabeza y los hombros ente un grupo de vaqueros y cowboys.