Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Magdalena dedujo graves complicaciones del acerado relámpago con que la mirada de Nels comunicó algo a Stewart. Fuese lo que fuese, esta mirada bastó para calmar la impaciencia del cowboy. Un ademán casi imperceptible atrajo a Monty Price a su lado. En los tres pasos que dio para acercarse habÃa un aire de reprimida ferocidad. Nels y Monty se alinearon detrás de Stewart. Fue una acción deliberada, inequÃvocamente formidable, aun para Magdalena. El semblante de Pat Hawe adquirió una expresión terrible; sus pupilas despedÃan un rojizo fulgor. Don Carlos mostró un rostro pálido y una extrema nervosidad. Los cowboys se separaron de los vaqueros y de los barbudos y broncÃneos jinetes que formaban el séquito de Hawe.
—Me propongo lo siguiente —dijo luego Stewart, hablando lentamente y con acento cáustico—. ¡Eso es contrabando de guerra! ¿Lo oyes, Hawe? Armas y municiones destinadas a los rebeldes de allende la divisoria. Te requiero para que como representante de la ley confisques ese material y arrestes al contrabandista…, a don Carlos.