Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Bueno, y ¿aunque lo fuera? No veo que haya motivo para armar todo el jollÃn que has armado. Stewart, acabaré creyendo que tu nuevo cargo se te ha subido a la cabeza y que querÃas dar un golpe de efecto delante de…
—¡Hawe, cuidado con lo qué dices! —interrumpió Stewart—. ¡Recuerda que ya en otra ocasión te tuve que cerrar el pico!… Ahora, estoy consultando un caso con un representante de la ley. ¿Quieres hacerte cargo de ese género de contrabando?
—¡Hospa! ¡No lo tomas tú poco a pecho! —replicó Hawe, con un asombro palpablemente fingido—. ¿Qué es lo que te propones?
Mascullando una imprecación, Stewart atravesó en pocas zancadas el porche, abriéndose de brazos ante Stillwell, como indicando la dificultad de lograr un arbitraje sincero y razonable; lanzó a Magdalena una mirada elocuente que revelaba su sentimiento por no poder solventar la situación en forma que fuese de su agrado. Y al volverse, hallóse cara a cara con Nels, que habÃa salido a su encuentro de entre el gentÃo.