Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

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La presencia de forajidos en aquella banda hizo ver a la joven en qué estribaba su verdadero peligro. Recordó lo dicho por Stillwell de las recientes incursiones de forajidos en la cuenca del Río Grande. Aquellas bandas volantes actuando al amparo de la exaltación que la revolución creaba, aparecía acá y acullá, en parajes remotos, desapareciendo tan rápidamente como habían venido. Generalmente su objetivo era la presa de armas y dinero, mas robaban cuanto les apetecía, y algunas mujeres indefensas habían sido brutalmente tratadas.

Magdalena, recogiendo apresuradamente los valores y la considerable suma de dinero que guardaba en su escritorio, echó a correr, cerrando y aherrojando la puerta. Cruzó el patio hasta el ala fronteriza del edificio, y, volviendo a entrar, siguió un largo pasillo, examinando cuál de sus muchas habitaciones vacías sería más apropiada para esconderse. Antes de llegar a una decisión se halló frente a la última. En aquel momento, un redoble de golpes contra una puerta o ventana en la dirección de la cocina y los agudos chillidos de la servidumbre femenina acrecentaron su alarma.




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