Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Es prudente descansar un rato? —preguntó—. ¡Estoy tan cansada…! Tal vez me rehaga si puedo descansar.
—Ahora ya no hay peligro —replicó él—. El caballo se encontrará también mejor. Lo dejé agotado… ¡Todo cuesta arriba!
—¿Dónde estamos?
—En las montañas, a más de diez millas de la alquerÃa. Por aquà arranca un portel que nos permitirá llegar a casa a media noche. Deben de estar muy inquietos.
—¿Qué ha ocurrido?