Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Nada de particular, fuera de lo de usted. Eso es lo… más lamentable. Florencia nos halló en la vertiente, de regreso del incendio. Estábamos extenuados; pero llegamos al rancho antes de que esa gente cometiera algún desmán. Nos costó gran trabajo dar con el paradero de usted. Nick descubrió la huella de sus tacones bajo la ventana, y entonces dedujimos lo demás. Tuve que pelearme con los muchachos. Si les hubiera dejado venir no hubiéramos conseguido libertarla sin efusión de sangre, que era lo menos indicado. Bill se ciñó lo menos doce revólveres. Estaba loco. Tuve que lacear a Monty. Literalmente. Le dejé atado a un poste en el porche. Nels y Nick me prometieron quedarse con él y aguantarle hasta por la mañana. Fue todo lo que pude hacer. Afortunadamente, di pronto con la cuadrilla. HabÃa calculado bien. ConocÃa a su cabecilla. En Méjico es un bandido. Para él constituye una profesión como otra cualquiera. Luchó por Madero, y yo estuve con él buena parte del tiempo. Podrá ser un granuja, pero es un hombre.
—¿Cómo consiguió usted mi rescate?
—Ofreciéndoles dinero. Es lo que principalmente ansÃan los rebeldes; necesitan fondos. Son un hatajo de infelices famélicos.
—Me pareció comprender que ofrecÃa usted una compensación. ¿Cuánto?