Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Me alegro de que la apruebe —prosiguió Magdalena—. Después de hablar con los muchachos vuelva a verme. Y… ahora que lo he apuntado… comienzo a sentir un cierto recelo… Usted sabe lo que es el humorismo de los cowboys. Acaso…
—No se vuelva usted atrás —interrumpió Stillwell. Éste parecÃa afable y tranquilo, mas su apresuramiento en convencer a Magdalena le delataba—. Deje usted a los muchachos por mi cuenta. ¿Acaso no le tienen a usted más respeto que los mejicanos a la Virgen MarÃa? No harán nada que pueda desagradarle, señorita Majestad. Serán sencillamente… inmensos. Batirán el record de la gracia.
—Asà lo creo —replicó Magdalena. Abrigaba aún dudas acerca de lo acertado de su plan, mas el entusiasmo del viejo ganadero era irresistiblemente contagioso—. Sea. Demos el asunto por resuelto. Mis huéspedes llegarán el nueve de mayo. Entre tanto, pongamos el rancho «de Su Majestad» en condiciones de hacer frente a la invasión.