Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Los femeninos huéspedes de Magdalena sostuvieron reñido y vocinglero combate por la posesión de los gemelos, negándose tres de ellos a reconocer los pretendidos derechos de Elena. Magdalena reía, contemplando la taciturna figura de Stewart y su negro contorno recortándose contra el cielo. A su mente acudió una idea que ya otras veces se le había ocurrido. ¿En qué debía pensar Stewart mientras estaba allí en la soledad de la mesa, de cara al desierto y al tenebroso Oeste? Algún día pensaba preguntárselo. Poco después, el cowboy dio media vuelta a su caballo y, emprendiendo el descenso, se hundió en las sombras que invadían la altiplanicie.
—Majestad, ¿tienes en proyecto algo divertido, algo excitante para nosotros? —preguntó Elena. Ésta se mostraba inquieta, nerviosa, y parecía costarle trabajo estarse quieta un momento.
—Cuando hayáis terminado lo verás —replicó Magdalena.
—¿De qué se trata? ¡Veamos! —inquirieron Elena, Dot y la señora Beck al unísono. Edita Wayne sonreía intrigada.