Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Pues, que es verdaderamente extraño lo que les ocurre a los cowboys. Yo renuncio a entenderlos. DirÃase que se hallan en plenas vacaciones. ¿Qué opina usted de eso? Hemos cambiado los turnos, hemos reducido las horas, hemos rebajado de servicio a éste y a aquél, alquilando peones, hemos hecho, en fin, cuanto podÃamos hacer. Y asà y todo esa idea de las vacaciones ha ido arraigando. Cuando Stewart se cerró a la banda, los muchachos comenzaron a enfermar. En los años que llevo de ganadero no habÃa oÃdo tantos padecimientos. Es digno de verse lo perniquebrados, tullidos y decrépitos que se sienten la mayorÃa de ellos. ¡Pensar que un cowboy me ha venido a pedir un dÃa de asueto porque tiene un panadizo en un dedo! Ahà está Booly… Yo he visto a ese cowboy rodar por una barrancada con el caballo encima, y después levantarse tan fresco. Ahora tiene una ampolla en el talón, una ampolla causada por el roce de la bota… Y dice que si no descansa le sobrevendrá una gangrena. ¿Y Jim Slade? Se acaba de dar cuenta de que padece una afección que, según dice, se llama gandulitis espinal o algo asÃ. ¿Y Frank Slade? Juró y perjuró que tenÃa la escarlatina, sospecho que porque tenÃa la cara tostada por el sol, y cuando le anuncié que la escarlatina era un mal contagioso y tendrÃamos que llevarlo al hospital, me respondió que no era eso lo que tenÃa, pero que estaba muy malo y necesitaba tranquilidad y distracción. ¡Hasta Nels siente ascos de trabajar estos dÃas! Si no fuese por Stewart que ha puesto mejicanos con el ganado, no sé lo que serÃa de mÃ.