Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste En efecto, el aspecto de Stillwell anunciaba tormenta al acercarse al porche; pero las salutaciones de los amigos de Magdalena, especialmente de Elena y Dorotea, contribuyeron mucho a despejar su semblante y a hacer que reapareciese la famosa sonrisa.
—Señorita Majestad, tiene usted ante los ojos a un triste y desmoralizado ganadero —dijo—. Y necesito una gran ayuda.
—¿Qué calamidad nos amenaza? —preguntó Magdalena sonriendo.