Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Por qué diablos llevan velo las mujeres? —gruñó—. A no ser por el velo la habrÃa reconocido, y…
—Y no la habrÃas insultado, pero sà a la siguiente que se hubiese presentado. No tienes remedio, Gene. Ahora, coge la puerta y no vuelvas a aparecer por aquÃ.
—¡Flo! —Impetró.
—Como lo oyes.
—Calculo que volveré mañana a… tomar mi medicina —replicó.
—Si te atreves a… —gritó Florencia.
Stewart salió, cerrando tras sà la puerta.