Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Oye, Link! —exclamó Monty con voz retumbante a través del campo—. ¡Nuestros estimados rivales están jugando a la tala!
Magdalena y Dorotea abandonaron su oficio cuando la partida se trocó en desmoralizada derrota, sentándose con los demás a contemplar el espectáculo. Sólo Dios sabe cómo Ambrosio y Ed Linton consiguieron adelantarse hasta llegar a pisar los talones a Monty Y a Link.
Castleton parecÃa no tan sólo excitado, sino considerablemente desconcertado.
—¡Por Júpiter! ¡Ésa sà que es buena! —dijo acercándose—. ¡Nunca vi golf semejante! Presento mi dimisión de árbitro.
Sólo tras muy reiterados ruegos accedió a revelar la causa.