Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Mis órdenes fueron que cuando menos uno de ellos estuviese de guardia cerca de usted, dÃa y noche… permaneciendo siempre al alcance de su voz.
—Me lo figuraba. Mas ¿por qué Nels o Monty o Nick? Esto parece sobrecargarles innecesariamente de trabajo. ¿Por qué poner a nadie de guardia junto a m� ¿No tiene usted confianza en ningún otro de mis cowboys?
—ConfÃo en su honradez, mas no en su aptitud.
—¿Aptitud? ¿Para qué?
—Para servirse de sus armas.
—¡Stewart!
—Señorita Hammond, está usted tan distraÃda obsequiando a sus huéspedes que olvida todo lo demás. Por mi parte lo celebro. ¡Ojalá no me hubiera interrogado!
—¿Qué es lo que olvido?
—A don Carlos y sus guerrilleros.
—Le aseguro que no. ¿Supone usted aún, Stewart, que don Carlos intentó apoderarse de mÃ…, que lo intentará de nuevo?
—No lo supongo. Estoy cierto.
—¿Y a sus demás tareas ha añadido usted la de compartir las guardias con estos tres cowboys?
—SÃ.
—¿Esto ha venido ocurriendo sin mi conocimiento?
—SÃ.