Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Señorita Majestad, siento extraordinariamente tener que darle noticias desagradables. —Hablaba en voz muy baja, mirando a su alrededor recelosamente y con aire de misterio—. Si hubiese usted oÃdo a Stewart hace un rato comprenderÃa cuánto nos repugna tener que decirle todo esto. Pero… es inevitable. Nos hallamos en un aprieto. Si sus huéspedes no se llevan el susto mayor de sus vidas, será gracias a la sangre frÃa de usted y a como cumpla las instrucciones de Stewart.
—Puede usted contar conmigo, Stillwell —replicó Magdalena con aire de firmeza aunque temblando.
—¡Bravo! Lo que tenemos que afrontar es lo siguiente: la cuadrilla de bandoleros que Pat Hawe perseguÃa… se ha refugiado en esta casa.
—¡En esta casa! —repitió Magdalena, horrorizada.
—Señorita Majestad, vergüenza me da el decirlo, pero es la sorprendente verdad. Stewart… Stewart echa chispas de ira al pensar que eso haya podido ocurrir. Si yo no hubiese llevado a los muchachos al campo de golf y si Stewart no nos hubiese seguido a la meseta… no habrÃa pasado nada. Es culpa mÃa. He tenido demasiadas faldas a mi alrededor… Gene me ha puesto como nuevo…, me ha echado un escándalo terrible. Mas ahora lo importante es afrontarlo… y ver cómo salimos de ello.