Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Pero… ¿quiere usted realmente decir que una cuadrilla de facinerosos acorralados, de bandidos… se ha refugiado en alguna parte de mi casa? —preguntó Magdalena.
—Es de veras. Y me parece sorprendente que no advirtiese usted que algo anormal ocurrÃa, al ver que su servidumbre se las ha guillado.
—¡Se han ido! ¡Ah! He aquà por qué mi doncella… Ya me extrañó no ver las luces encendidas. ¿A dónde han ido los criados?