Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Al barrio mejicano, medio muertos de miedo. Ahora, atienda. Cuando Stewart se separó de usted hace cosa de una hora, vino a reunirse con nosotros, que tratábamos de disuadir a Pat Hawe de entrar a mano armada en la vivienda, para capturar a los bandidos. La llegada de Stewart alteró la situación. Si antes Pat estaba insoportable, al ver a Gene… fue el colmo. Stewart es para Hawe lo que un trapo rojo para un toro. Cuando el sheriff prendió fuego a esa cabaña de adobe, Stewart le reprendió, llenándole de improperios. Pat Hawe llevaba seis delegados con él, y por lo visto la caza de bandidos es para ellos una especie de fiesta. Hubo una gran marimorena y por un momento temí que la cosa tuviera mal fin. Afortunadamente, Gene no perdió la serenidad, logrando contener a los muchachos. Después Pat y sus seis acólitos continuaron sus pesquisas, pero esas pesquisas, señorita Majestad, acabaron siendo una farsa. Es posible que Pat hubiera logrado engatusarnos a los muchachos y a mí, pero cuando Gene apareció en escena…, bueno, o Pat hizo más tonterías que nunca o a nosotros nos quitaron las anteojeras. Pat Hawe no se afanaba mucho por buscar a los bandidos. En realidad lo único que parecía buscar era una cuestión con Stewart. Por último, cuando sus secuaces se encaminaron hacia nuestro almacén donde tenemos las municiones, abastos, licores y demás, Gene les dio el alto y ordenó a Pat Hawe que abandonase el rancho. Entonces fue cuando Hawe y Stewart chocaron, y cuando se descubrió la verdad de lo que ocurría. Había, .en efecto, una cuadrilla de bandoleros escondida en alguna parte y Pat Hawe los persiguió en un principio tenaz y resueltamente, pero de pronto, prodújose en él un extraño cambio.