Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Stewart… Yo… —balbuceó con creciente agitación—, yo… estoy asustada… confusa… Todo esto es… es demasiado para mÃ. No es que sea cobarde… Si llegase la ocasión de tener que luchar, verÃa que no lo soy. Pero… sus procedimientos me parecen… temerarios… y ese pasillo tan oscuro… que los guerrilleros harán fuego parapetados tras las puertas entreabiertas. Es usted tan intrépido…, tan osado…, que se pondrÃa en el puesto de mayor peligro… ¿Es eso necesario? Supongo… me parece… no sé exactamente por qué… pero ése es mi modo de pensar. Y… creo que más que nada es porque temo… que pudieran herirle…
—¿Teme usted… que pudieran herirme? —repitió como un eco, asombrado, arrebolándose la mate blancura de su tez.
—SÃ.
La sencilla palabra con cuanto podÃa o no significar, le ablandó como por encanto, dulcificándole, haciéndole afable, tÃmido, ahogándole bajo un torrente de emociones.