Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste En cierta ocasión Stewart, esperando a Magdalena, le dijo al acercarse:
—Amenaza tormenta.
—Será un alivio. ¡Hace tanto calor y hay tanto polvo! —replicó ella.
—¿Quiere usted que acampemos aqu�
—¿Aqu� ¡No! ¿Usted qué opina?
—Psch… Una buena tormenta con su acompañamiento de rayos y truenos siempre será algo nuevo para sus amigos. Lo más acertado será proseguir. Éste no es lugar a propósito para acampar. Si la lluvia no nos arrastrase ladera abajo, se nos llevarÃa el aire. Para hallar un buen emplazamiento tendremos que prolongar la jornada todo el dÃa y aun asà no respondo de encontrarlo. Vamos muy despacio. Si llueve… nos pondremos bajo la lluvia. Los equipos están debidamente resguardados y no nos quedará más remedio que mojarnos.
—Paciencia —replicó Magdalena sonriendo. SabÃa lo que era una tormenta en aquellas latitudes, y sus huéspedes aún no lo habÃan experimentado—. Si llueve… que llueva.