Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Querrás dar a entender que no rehúyes encontrarte con Al Hammond? Gene, tienes la cabeza más dura que una vaca vieja. Al no sabrá nunca lo que hiciste anoche a su hermana, a menos que tú se lo digas. Y si lo sabe, te pegará un tiro. Ella no te descubrirá. Es una aristócrata. Anoche estaba tan pálida que parecÃa a punto de desplomarse a mis pies, y, sin embargo, no pestañeó siquiera. Soy mujer, Gene Stewart, y aunque no sienta como Magdalena Hammond me hago cargo de la angustia que debió de pasar. Es una de las más bellas, de las más admiradas y de las más distinguidas mujeres de Nueva York. Siempre trae al retortero a una nube de millonarios y lores y duques. ¡Figúrate, lo terrible que debió de ser para una persona como ella verse besada por un cowboy borracho como una cuba…! Te digo que…
—Flo, no fue ése el insulto —interrumpió Stewart.
—Entonces, ¿fue aún peor? —inquirió ella vivamente.
—Hice la apuesta de que me casarÃa con la primera muchacha que llegase al pueblo. Estaba al acecho y bastante bebido. Cuando ella llegó… fui en busca del padre Marcos, y trate de obligarla, amedrentándola, a casarse conmigo.
—¡Oh, Dios mÃo! —murmuró Florencia—. ¡Es aún peor de lo que suponÃa…! Gene, Al te matará.