Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No obstante la solícita buena voluntad de Bobby, no hubo medio de hallar el sillón de ruedas. Florencia desmontó fácilmente, y a no ser por su masa de cabello mojado y en desorden, habría podido pasar por un bello cowboy. Edita Wayne había soportado la tensión física mejor que Dorotea; pero, en cambio, debido a la poca alzada de su montura, los cactos y matojos habíanla azotado bárbaramente. Su amazona estaba hecha una lástima y llena de jirones. Elena conservaba un resto de estilo y de dignidad, junto con algunas, aunque escasas, fuerzas. Mas su rostro aparecía blanco, con los ojos desmedidamente abiertos, y al andar cojeaba.

—¡Majestad! —exclamó—, ¿qué te has propuesto? ¿Acabar de una vez con nosotros o hacer que añorásemos el Este?

De entre todos, Christine, la linda francesita, esposa de Ambrosio, era quien más había sufrido durante la larga cabalgata. No estaba acostumbrada a los caballos. Su marido tuyo que llevarla en brazos a la tienda. Florencia persuadió a Magdalena de que abandonase el fuego, y cuando entraron a reunirse con los demás Dorotea se lamentaba porque no podía quitarse las mojadas botas; la señora Beck lloraba y se esforzaba en explicar a una mejicana el modo de desabrochar su ensuciado vestido, y en general aquello era un pandemonium.

—¡Ropa de abrigo…! ¡Bebidas calientes y cena!… ¡Mantas! —ordenó Stewart, concisa y vivamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker