Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Al ser interrogada, Florencia notificó a Magdalena que no se había producido, por fortuna, ningún incidente en el campamento. Castleton había regresado sano y salvo y dormía al lado de sus compañeros. Poco después un coro de alegres voces atrajo la atención de Magdalena, quien, volviendo la cabeza, percibió a Elena renqueando con Dorotea, y a la señora Beck y a Edita sosteniéndose mutuamente. Todos estaban descansados, aunque tullidos, y mostrábanse entusiasmados con el sitio, y presas de voraz apetito, como el de un oso recién salido de su invernada. Magdalena les acompañó a dar la vuelta al campamento, a través de los árboles y de los musgosos recovecos, poblados de pinos bajo los riscos.
Cenaron sentados en el suelo, como los indios, y si no hubo manifestaciones de alegría durante la colación, fue por hallarse demasiado ocupados en satisfacer su apetito.