Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Era imposible no apreciar a Boyd Harvey. Esta idea, juntamente con los motivos que la obligaban a rechazarle, hizo que concentrase su nunca satisfecha mente en el sujeto. Le miró y pensó en él.
Era apuesto, joven, rico, de buena familia, amable, culto…; poseía, en fin, todas las cualidades propias de un caballero de su clase. Si tenía vicios, Magdalena no había oído nunca hablar de ellos. Sabía que no tenía ninguna inclinación por la bebida ni por el juego, y que era considerado como persona muy deseable y elegible entre las casaderas. Magdalena admitía todo esto.