Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste »Llegó un momento en que el anciano jefe apache, imaginándose que el padre abrigaba perversos designios acerca de su influencia sobre la tribu, quiso darle muerte, quemándole en la hoguera. La hija del jefe, bellísima doncella de ojos negros, amaba secretamente a Juan y creía en su misión. Intercediendo por su vida consiguió salvarle. Juan se enamoró de ella. Cierto día, la muchacha se fue hacia él, ceñida la negra cabellera con guirnaldas de doradas flores, de las que el soplo del viento arrancaba un polvillo impalpable de oro. Juan le preguntó en dónde podía hallar otras semejantes, y la doncella díjole que en determinada ocasión irían juntos a la montaña a buscarlas. En efecto, llegado el momento le condujo a una cumbre desde la que se divisaban bellísimos valles, corpulentos árboles y cristalinas aguas. Allí, en la cima de una maravillosa ladera que parecía asomarse sobre el mundo, enseñó a Juan las flores, y Juan halló oro en tal abundancia que pensó perder el juicio. ¡Polvo de oro! ¡Pepitas de oro! ¡Guijos de oro! ¡Rocas de oro! ¡Era rico! ¡Rico como nunca pudo soñarlo! Recordó a la Virgen y sus palabras. Debía volver cerca de su grey, erigir la iglesia y la maravillosa ciudad que llevara su nombre.