Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Señor Price, ¿significa acaso todo ese revuelo que podemos vernos robados, agredidos o apresados por alguna cuadrilla de astrosos guerrilleros?
—Usted lo ha dicho.
Dorotea volvió su pálido rostro hacia Monty.
—Señor Price… ¿no nos… no nos abandonará usted ahora? El señor Nels y usted…
—¿Abandonarles? —preguntó Monty, perplejo.
—SÃ; abandonarnos, dejarnos cuando más les necesitamos, cuando algo horrible nos amenaza.
Monty lanzó una breve y seca carcajada, mirando extrañamente a la joven.
—Yo y Nels tenemos miedo, y hemos decidido marchar cuando aún estamos a tiempo, señorita Dorotea. Hemos rodado tanto por el mundo, que nos repugna la idea de exponemos a ver señoras como ustedes arrastradas por el cabello.
Dorotea lanzó un pequeño grito. Castleton se desató montando en cólera.
—¡Por Dios, que usted y su famoso compañero son un buen par de cobardes! ¿Qué se ha hecho de aquella tan cacareada valentÃa?
El semblante de Monty expresó indecible sarcasmo.