Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Queremos esconderles a ustedes —dijo, al observar sus escrúpulos—. Si los guerrilleros se presentan, les diremos que están ya en camino del rancho, y si tenemos que pelear, ahà arriba estarán en salvo.
Elena avanzó resueltamente, dejando que Stewart le pasase por la cintura la gaza del lazo y se la ajustase. Luego con la mano dio la señal a los de arriba.
—Vaya usted andando —indicó a Elena.
Los demás vieron que en tal forma la ascensión resultaba fácil, rápida y segura. Los hombres la efectuaron sin asistencia de nadie. La señora Beck, como de costumbre, se dejó dominar por su histerismo y fue casi necesario llevarla en brazos. Stewart sujetó a Dorotea con un brazo mientras con el otro sujetábase al lazo. Ambrosio tuyo que llevar a Christine. Las mejicanas subieron por su pie, sin ayuda alguna. Edita Wayne y Magdalena fueron las últimas, y, una vez arriba, la joven vio una angosta laderÃa cubierta de arbustos y dominada por inmensos riscos. En la roca veÃanse oquedades y negras grietas o cisuras que se adentraban en la montaña. Era un lugar áspero y salvaje. Subieron después a él las lonas y el ajuar de camas, las provisiones y el agua. Los cowboys improvisaron cómodas yacijas en varias de las oquedades o cuevas, aconsejando a Magdalena y a los demás que estuviesen todo lo quietos posible, no encendiesen luces y se acostasen vestidos, dispuestos a reanudar la jornada sobre la marcha.