Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Al la miró extrañado, pareció darse cuenta súbitamente del vocerÃo que procedÃa de la calle, y, soltando a Magdalena, dijo:
—¡Por San Jorge! Me olvidaba, Flo. Es cosa de un momento. Espera ahà con mi hermana y no os inquietéis. Salió, interpelando a los suyos.
—¡Cierra el pico, Jack! ¡Y tú también, Blaze! No querÃa que vinieseis… Pero como estáis aquÃ… a callar tocan. Eso es cuenta mÃa.
Y volviéndose hacia Stewart, que estaba sentado en la cerca:
—¡Hola, Stewart! —dijo.
Era un saludo; pero en su voz habÃa algo que alarmó a Magdalena.
Stewart se levantó y calmosamente se acercó al porche.
—¡Hola, Hammond!
—¿Otra vez borracho, anoche?
—Psch… si es que quieres saberlo y si crees que te importa… sÃ, bastante borracho.
Era un genero de frÃa respuesta que mostraba al cowboy en pleno dominio de sà mismo y de la situación…, una respuesta que difÃcilmente permitÃa nuevas averiguaciones. Siguió a ella un breve silencio.