Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Hasta muy tarde permanecieron sentados, hablando en voz baja. El incidente comenzaba a adquirir las proporciones de una aventura, tal como Elena lo deseara. Algunos de los excursionistas recobraron en parte su buen humor. Gradualmente se fue disgregando el grupo, y uno por uno se fueron a acostar. Elena confesó su incapacidad de dormir en un lugar poblado por murciélagos y «cosas que se arrastran». Sin embargo, Magdalena creyó poder asegurar que todos dormían, mientras ella continuaba con los ojos desmedidamente abiertos, fijos en la sombría masa roqueña y en el estrellado firmamento.