Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —En esa cuadrilla van algunos blancos, Nels —observó Gene.
—Lo sé. Monty y yo lo tendremos presente. Si quieren tomar parte en la fiesta tendrán que darse mucha prisa. —Conforme, Nels, y gracias— replicó Stewart. Nels se acercó de nuevo a la hoguera, y su interlocutor reanudó su solitaria guardia.
Magdalena se llevó a Castleton del borde de la escarpa.
—¡Por Júpiter! ¡Qué extraños resultan los cowboys! —comentó él—. No son lo que ellos aparentan ser.
—Es cierto —asintió Magdalena—. Son incomprensibles. Vamos a decir a los demás que Nels y Monty no tienen la menor idea de abandonarnos. Dorotea, al menos, se tranquilizará cuando lo sepa.
En efecto, la muchacha se sintió menos alarmada. Los restantes comentaron la singular conducta de los cowboys. Más de una vez volvieron a apuntar la posibilidad de que fuesen vÃctimas de una ingeniosa bufonada. La idea fue ganando terreno con la general discusión, y Magdalena se abstuvo de desmentirla, viendo que tendÃa a mejorar el estado de ánimo de sus amigos. Castleton demostró no ser absolutamente obtuso, pues contribuyó a que arraigase la idea, haciendo coro a la joven.