Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Ahà abajo, las cosas no son lo que parecen —murmuró Ambrosio.
—Ambrosio, dÃgame…, explÃqueme. Ésta es mi oportunidad… Ya que me ha dejado atisbar, déjeme saber… de qué se trata.
—Bien. Pero recuerde, señorita Hammond, que Gene me pondrá como nuevo si lo sabe. Escuche. Stewart está procurando lo más decentemente posible que esos pobres diablos sacien su hambre. En esta comarca no son más que tristes ladrones de becerros. Allende la divisoria podrán actuar de bandidos, algunos de ellos, y de pobre gente maleante de poco pelo los demás. AquÃ, entre nosotros, eso de la revolución no cuela. Para creerles capaces de pelear tendrÃa que verlos primero. Son una taifa de bandoleros, siempre dispuestos a robarle hasta las mantas o el tabaco al que se descuide. Gene cree que andan buscando a ustedes, o a las señoras, para secuestrarlas. Pero Gene… ¡Oh, últimamente expuso unas ideas muy descabelladas! Muchos de nosotros opinamos que esos guerrilleros no tratan más que de robar…