Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Eh, amigo! —gritó—. ¿No eres capaz de darnos un trago?
—Mis muchachos no llevan alcohol cuando campean —replicó Stewart, volviéndose de cara a los guerrilleros.
—¡Ah! ¡Ah! Ya me dijeron en Rodeo que eras el apóstol de la templanza —replicó el individuo—. Mucho me repugna tener que beber agua, pero… ¡qué remedio queda!
Fue al hontanar y se agachó para beber. Súbitamente alargó un brazo y, sumergiéndolo en el agua, sacó un cesto. Con la precipitación de la partida, los cowboys se habÃan olvidado de recogerlo; el cesto contenÃa botellas de vino y licores destinados a los amigos de Magdalena. Y allà estaban para que se refrescasen. El guerrillero alzó su tapa, y luego se incorporó, lanzando una exclamación de alborozo.
Stewart hizo un casi imperceptible movimiento para abalanzarse a él; pero se contuvo, y con una rápida ojeada a Nels dijo al otro:
—Sin duda mi gente olvidó recogerlo; que aproveche.