Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Tiene los ojos puestos en Nels y en Monty. ¡Bravo! ¡Da gusto verles tan reposados y tan tranquilos! Pero ¡qué diferencia! Ambos se inclinan hacia delante…, lo que quiere decir que tienen los músculos tensos como reatas de cuero crudo. Están mirando con unos ojos que leen hasta dentro de la mollera. En este instante no media ni el grueso de una crin entre esos mejicanos y el infierno.
Don Carlos lanzó a Stewart una larga y maligna mirada. Luego echó atrás la cabeza, quitóse el sombrero, y su siniestra sonrisa descubrió la resplandeciente dentadura.
—¡Señor!… —comenzó a decir.