Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Varios sombreros surcaron los aires, y los corceles brincaron.
—Caballeros —dijo un tanto excitada; y poco contribuÃa a calmarla el sentirse las mejillas ardiendo—, no conozco las costumbres del Oeste, pero creo que están ustedes en un engaño que, para hacer justicia al señor Stewart, deseo rectificar. En efecto, cuando se presentó a mà anoche, mostróse bastante… brusco y raro; pero tal como ahora lo comprendo, he de atribuirlo a su galanterÃa. En términos un poco insólitos, súbitos, y… sentimentales manifestó su vehemente deseo de protegerme, aunque no pude poner del todo en claro si me ofrecÃa esa protección para anoche únicamente o para siempre; pero puedo afirmar que no pronunció una sola palabra que no fuera honorable. Y luego me acompañó hasta dejarme felizmente en casa de Florencia Kingsley.