Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Stewart aceleró el paso de su caballo. Al cabo de una milla, poco más o menos, de terreno llano, el nivel empezó nuevamente a resultar accidentado, con múltiples lomas y collados, formando gollizos[32]. En algunos de ellos, más profundos, reinaba la más negra oscuridad. El aire fresco de la noche alivió considerablemente a Magdalena.