Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Dos días tardaron los amigos de Magdalena en reponerse de los efectos de la cabalgada. El tercero lo dedicaron a iniciar con toda calma sus preparativos de marcha. Este período fue doblemente difícil para Magdalena. A su propia necesidad de reposo uníase la precisión de afrontar un conflicto moral imposible de rehuir o diferir por más tiempo. Su hermana y sus amigas insistían amable y tenazmente en sus ruegos porque les acompañase al Este. Por su parte, ella deseaba ir. La materialidad del viaje no la preocupaba. Era el cómo y cuándo y en qué circunstancias regresaría lo que motivaba su turbación. Antes de partir para el Este, quería determinar en su mente cuál sería su futura relación con el rancho y con el Oeste. Al llegar el momento, se dio cuenta de que el Oeste no se había adueñado aún totalmente de ella. Aquellas antiguas amistades habían estrechado lazos que ella creyó rotos y sólo estaban aflojados.