Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Ocurrió, sin embargo, que no tuvo necesidad de precipitar la marcha. Magdalena hubiera acogido gustosa cualquier excusa para diferirla; y he aquí que una carta de Alfredo vino a hacer su marcha imposible por el momento. Escribíale su hermano que su viaje a California resultaba de gran provecho, que a su regreso presentaría a Magdalena una proposición de una importante empresa de ganado, y, además, y particularmente, que a su llegada al rancho proyectaba llevar a cabo su enlace con Florencia, a cuyo efecto le acompañaría un pastor de Douglas.
Esto no obstante, Magdalena accedió a prometer a Elena y a sus amigos que iría pronto al Este, todo lo más tarde a fines de noviembre. Y con esta promesa sus amigos tuvieron que contentarse y despedirse de ella y del rancho. En el último instante la partida iba a verse amenazada con un serio percance. Todos a una los invitados de Magdalena levantaron los brazos en alto, a la usanza del Oeste, al ver aparecer a Link Stevens pilotando el automóvil blanco. Link protestó, cándida y solemnemente, que conduciría con moderación y prudencia, pero fue preciso que Magdalena saliese garante de las palabras de su conductor y les acompañase, para decidirles a subir al coche. En la estación las despedidas amenazaron con hacerse interminables, y la joven hubo de reiterar cien veces su promesa.
Las últimas palabras de Dorotea Coombs fueron: