Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Un telegrama de Douglas, heraldo de la llegada de Alfredo y del pastor, puso fin a las cavilaciones de Magdalena, obligándola a compartir la excitada impaciencia de Florencia Kingston. Los cowboys estaban tan anhelosos y parleros como colegialas. Se acordó celebrar la ceremonia nupcial en el inmenso hall de Magdalena, y el banquete en el fresco y sombreado patio.
Alfredo y su clérigo llegaron al rancho en el auto blanco. Parecían considerablemente baqueteados por el viento. El pastor venía sin resuello, casi ciego, y verdaderamente desgreñado. Alfredo, más avezado al viento y a la velocidad, no se extrañó de la aversión de Nels por el coche. El imperturbable Link se quitó gorra y anteojos y, consultando su reloj, dio su habitual informe a Magdalena, deplorando el hecho de que un trajinante y algunas reses descarriadas por el camino le hubieran obligado a marchar a razón de una triste milla por minuto.
Las disposiciones tomadas para la fiesta merecieron la entusiasta aprobación de Alfredo. Cuando oyó las explicaciones de Magdalena y de Florencia expresó su deseo de que los cowboys asistiesen a la ceremonia; y después habló de California, adonde pensaba ir con su esposa en viaje de novios. Mostróse luego altamente interesado por saber algo acerca de los huéspedes de Magdalena y sus aventuras, y al hablar con su hermana dirigióle una penetrante mirada que la hizo estremecer.